Un niño juega con lo que tiene a su alcance mientras la señora hace tortillas en una hornilla improvisada de leña.
La casa no tiene techo y para resguardarse del sol y de la lluvia han construido una champa con láminas que les donaron.
En este hogar hay necesidad de todo, pero lo que más preocupa a don Rogelio Amaya es no tener una vivienda digna para su familia.
En el hogar son 2 niños y dos adultos, los que sobreviven con los pocos centavos que el señor gana vendiendo sorbetes.
Si esta historia le ha conmovido y quiere colaborar puede llamar al teléfono 75150724 o puede encontrarlos en el caserío Las Crucitas del cantón Flamenco en Jocoro, Morazán.
Periodista : Mery Ramírez
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